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Muse en Rolling Stone Australia

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Muse en Rolling Stone Australia

Muse no son una banda convencional. Mientras otros persisten en la comodidad de la típica pop de tres minutos, estrofa-estribillo-estrofa, el trío británico siempre ha aspirado a algo diferente, y los resultados no siempre han sido fáciles de escuchar. Su nuevo disco, por ejemplo, podría parecer impenetrable para los no iniciados. Denso, operístico y en ocasiones clásico, The Resistance es todo lo que un álbum de rock no debería ser. Producido por ellos mismos y deliberadamente pretencioso, el quinto álbum del trío supuso tal afrenta que por un momento su discográfica llegó a considerar el no publicarlo.

Es apropiado, pues, decir que The Resistance debería demostrar que es el mejor momento de Muse hasta ahora. Los críticos lo ponen por las nubes, e incluso el mercado estadounidense está empezando a prestarle atención, después de haber ignorado sus lanzamientos anteriores. Australia, por supuesto, está emocionada, y el hecho de que Muse encabecen el cartel del Big Day Out de este año es la razón primordial de que se hayan agotado las entradas en todo el país. Matthew Bellamy, Chris Wolstenholme y Dominic Howard han llegado, claramente.

El viaje de The Resistance desde su concepción hasta su lanzamiento ha sido un poco como una escena de persecución de una película de James Bond, empezando en las opulentas orillas del Lago de Como italiano, donde lo grabaron, y terminando en el lujo del Belvedere, el hotel junto al lago donde tiene lugar nuestra entrevista.

Fue en estos mismos lares donde George Clooney atrajo a un grupo de paparazzi recientemente, cuando buscaba un sitio para tomarse un capuccino, pero Muse, al contrario, parecen reacios a todo esto del estrellato. Esta actitud casi arrogante y altiva no es un caso de esnobismo, sino necesidad de protección. Proteger su criatura, su álbum, su música. De Muse no esperas escándalos en las revistas de cotilleo de Londres; sólo música de un tipo que sólo ellos están dispuestos a producir.

Ese espíritu aventurero, sin embargo, no significa que Muse sean queridos en todo el universo. Mientras que sus fans les adoran por sus letras apocalípticas, sonidos chillones y estatus épico, los críticos les detestan por esas mismas razones. Aún así, lo cierto es que no se puede comparar el sonido de Muse con el de ninguna otra banda.

Pregunto a Howard, sentado a la mesa fuera del Belvedere esperando pacientemente a que empiece la entrevista, si alguna vez se han sentido solos dentro del panorama contemporáneo. El batería, un chaval sencillo, natural y sin pretensiones que se ríe a cada pregunta, de repente se pone serio: "Es verdad, hasta cierto punto siempre nos hemos sentido radicales, extremos, casi un caso aparte. En el Reino Unido surgen bandas cíclicamente, que en seguida ceden su puesto a otro grupo que a duras penas ha conseguido firmar un contrato. Esto antes de ser sustituidos por otra banda, y así sucesivamente. Si eso no sucede con nosotros, significa que realmente somos un caso excepcional. Nunca hemos formado parte de ese mecanismo, y eso es bueno, porque significa que somos libres para crear la música que nos gusta, sin imponernos restricciones de ningún tipo. Nuestra diversidad no es el resultado de un esfuerzo planeado; siempre ha surgido de forma natural".

Un caso aparte, o si lo prefieres, extremo. Sólo tienes que escuchar al líder, Bellamy, durante unos minutos, para darte cuenta de que no estás tratando con la típica estrella del rock. La clásica conversación estúpida sobre groupies y contratos millonarios aquí no se aplica. Hoy Bellamy nos habla del autor Nassim Nicholas Taleb, cuya afamada novela The Black Swan influyó de forma decisiva en el contenido lírico de The Resistance. La novela trata del triunfo de la contingencia sobre el mundo, de lo aleatorio e impredecible, o de los "cisnes negros" que cambian nuestra vida para siempre. Bellamy cita el libro repetidamente en Unnatural Selection.

Mientras que la teoría popular presenta una meritocracia en la que triunfan los más listos y trabajadores, Bellamy (y Taleb) difiere. "No es cierto. Fíjate en la Bolsa, por ejemplo. Taleb menciona un experimento con un chimpancé; hicieron que lanzara dardos a una diana compuesta por nombres de compañías en las que invertirían dinero. Pues bien, mientras lanzaba dardos aleatoriamente, este chimpancé se convirtió en algo así como el octavo empresario más importante de Estados Unidos, jajajaj".

De complexión ligera y modales intachables, Bellamy parece casi un duendecillo, delicado y pequeño. Es normal que cite Sansón y Dalila, de Camille Saint-Saens, como influencia primordial de I Belong To You, o que se sienta más cómodo escuchando a Liszt, Chopin o Rachmaninov que clásicos del rock'n'roll.

Hay una sencilla explicación para esto, dice Bellamy. "Llevo tocando el piano desde pequeño, cuando tenía siete años, puede que ocho. Pero la música que más recuerdo fue el blues y el rock'n'roll. Fue lo que me animó a aprender a tocar la guitarra de adolescente y a meterme en una banda, y por eso dejé el piano por unos seis o siete años.

Luego, cuando estábamos grabando el primer disco, había un piano en todos los estudios, así que empecé a tocar algo, como la parte de guitarra de Sunburn, la primera canción de nuestro primer disco, Showbiz. Y nuestro productor, John Leckie, dice, "Suena un poco mejor así, mejor que la versión de guitarra". Desde entonces empecé a escuchar música clásica para piano con mucha más atención. Entendí que el piano no era algo necesariamente delicado, sino que podía ser también un instrumento cañero, que se podía abusar de él, por qué no?"

Es obvio que Bellamy es consciente del aura arty que rodea a Muse, pero es incluso más obvio el hecho de que no le importa. "En nuestros discos anteriores parecía casi como que nosotros mismos nos reprimíamos", confiesa. "Pero ahora es el momento apropiado para demostrar toda nuestra complejidad. Piensa por ejemplo en United States of Eurasia. Es una canción dramática, teatral, un poco a lo Queen, un poco a lo Chopin. Podría resultar ridícula, porque hay tantas cosas juntas, pero no podemos hacer nada. Ahí es donde emerge nuestra costumbre de "fastidiarlo" todo, hacer locuras, jajajaj. Para Muse siempre ha sido importante mantener la mente abierta, no tener miedo a experimentar, algo que mucha gente encontrará poco convencional, embarazoso o incómodo. Hemos conseguido quitarnos la idea de ser cool a toda costa".

Si la cabeza de Muse vuela por las nubes, su corazón todavía permanece en la tierra. En lo que a letras se refiere, las tres primeras canciones del nuevo álbum - Uprising, Resistance y Undisclosed Desires - evocan una reminiscencia futurista de 1984 de George Orwell.

"Hace un año, cuando empezamos a trabajar en el álbum, el sentimiento de incomodidad hacia lo que estaba ocurriendo en el mundo era tangible", observa Howard. "No podías encender la tele sin enfrentarte a lo que pasaba en Tailandia, en Irán, en Inglaterra. Una enorme sensación de insatisfacción a escala global. También porque hacía mucho tiempo que no veíamos a tal cantidad de gente protestando en las calles. Por eso nuestras canciones se generaron a partir de la idea de resistencia".

Bellamy se extiende: "Uprising trata del escándalo de los enormes reembolsos por parte de algunos miembros del Parlamento británico, y sobre la crisis bancaria británica, pero todo ello en tono de burla. Ya no hay democracia en Inglaterra; estamos gobernados por un Primer Ministro que nadie ha elegido. Y todos esos escándalos… Sólo quería comunicarle a la gente la idea de que hay espacio para el cambio, que la revolución ocurre siempre, incluso cuando no es una revolución sangrienta".

Pero no todo es tan políticamente radical. Muse es la banda que coge esas tres canciones de alzar el puño y las coloca en el mismo álbum que Exogenesis, una sinfonía de tres partes que es el resultado de años de trabajo. Las canciones arrancan del piano y la intuición musical de Bellamy, y han generado comparaciones con la psicodelia épica de Flying Teapot de Gong.

Howard, poniéndose serio, explica: "Esta composición nace de la idea de que la raza humana no evolucionó necesariamente en este planeta; puede que al principio de la evolución hubiera interferencias externas. Las tres partes que componen Exogenesis cuentan la historia de alguien que se ve forzado a abandonar la Tierra por necesidad, y se ve obligado a empezar una nueva vida en otra parte del universo".

Lo de siempre, entonces. Afortunadamente, Wolstenholme mantiene a Muse anclados en este planeta. Alto, grande, luciendo una larga barba, el bajista llama la atención al salir de su habitación, y picotea todo manjar comestible que han puesto en la mesa. Fumándose un pitillo, el extrovertido Wolstenholme es un poco como su bajo: la columna vertebral de Muse. "Matt tiende a usar la guitarra como instrumento solista", explica. "Por tanto, mi bajo juega un papel muy cercano a la guitarra rítmica, es casi un bajo melódico".

El currante de la banda, Wolstenholme comenta el lado más pragmático de su trabajo. "En este disco no hemos tenido productor. En vez de eso, hemos tenido un excelente ingeniero de sonido llamado Adrian Bushby, que trabaja con Foo Fighters, y hemos producido nosotros mismos cuanto nos ha sido posible. Lo que oyes es el producto final producido por tres músicos a los que les encanta tocar juntos en la misma sala. El simple hecho de tener un estudio para nosotros solos desde luego ha mejorado nuestro enfoque".

Y por lo visto también ha mejorado su eficiencia. "Trabajamos en el disco durante un año, pero todo el proceso de producción ha sido mucho más rápido que en el pasado", explica. "Siempre que estábamos listos, corríamos al estudio a grabar, en vez de tener que seguir un horario de producción, simplemente porque el estudio ya estaba pagado de antemano".

No hay muchas bandas que se puedan permitir el lujo de alquilar un espacio a orillas del Lago de Como, una extravagancia que merece todo lo que vale, dice Bellamy. "Cuando vivíamos en el Reino Unido siempre sentí mucha presión de la discográfica y de los fans. Aquí en el lago todo me parece mucho más tranquilo, incluso la gente. Un artista prefiere un sitio donde pueda alcanzar cierta paz mental. Esto sería imposible para mí en un sitio como Londres o Nueva York. Me considero un urbanita, pero en la ciudad me cuesta mucho concentrarme en mi trabajo".

Aquí surge de nuevo la paradoja que es Muse: un trío de rock duro con ambiciones sinfónicas, una banda arty con sensibilidad pop. En un mundo en que gran parte de la música popular se puede medir y predecir, Muse han optado por ser los cisnes negros, cuyas únicas e inesperadas acciones tienen el poder de cambiar el curso de la historia. Esto no lo dicta la arrogancia, sino la confianza en sus propias habilidades.

O puede que Muse no conozcan otra cosa.

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Comentarios Muse en Rolling Stone Australia

Es interesante, encontrar artistas de esta talla. Desde hace algunos años me gustaba la música de Muse, pero no con la misma intensidad que actualmente ostentan en mi vida. Me alegra que no sean una banda producida en un estudio de grabación, cual maniquíes respondan a un estereotipo, sino todo lo contrario: se expresa una clara identidad de pensamiento un volcado en lo que llaman MÚSICA.
jovana cotrina jovana cotrina 15/11/2012 a las 19:31

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